Santiago Lange, la leyenda del deporte que celebra el oro olímpico que lo transformó: “Ahora lo valoro más”

Hoy, a punto de cumplir 65, Santiago Lange anda por España. Librando nuevas batallas, aunque parezca mentira, y no precisamente deportivas; adversidades que nuevamente afronta con hidalguía. Ya no compite olímpicamente, pero nada ni nadie le va a sacar del cuerpo y de esa piel curtida navegando por las aguas de todo el mundo, el orgullo de haberse consagrado en el sexto de sus siete Juegos Olímpicos, una marca que lo convierte en leyenda. Río 2016 lo marcó para siempre por un cúmulo de factores: salud, familiar y deportivo. Pasaron 10 años desde aquel martes 16 de agosto de 2016, cuando en la Marina da Gloria, junto a Cecilia Carranza Saroli, cantaron el himno, vieron izar la bandera argentina y se emocionaron de una manera distinta, difícil de explicar. Con los corazones galopando. Con la certeza de que los sueños muchas veces están para cumplirse.

La vida de Lange, de alguna manera, cambió a partir de ese instante al ganar con Cecilia la categoría mixta Nacra 17. Él ya tenía dos medallas de bronce, obtenidas en Atenas 2004 y Pekín 2008 junto a Camau Espínola en la clase Tornado. Pero esto fue diferente. A la distancia, lo sabe. Porque el tiempo acomoda los pensamientos. “Ahora lo valoro más. Porque como hoy ya no lo podés hacer, vas tomando dimensión de que era muy difícil conseguirlo. Entendés la suerte que tuviste de poder lograrlo y de que se hayan dado las cosas para concretarlo”, apunta durante un viaje en ferry en aguas ibéricas. Siempre sobre el agua.

¿Cuán nostálgico está de aquella gesta en los mejores Juegos Olímpicos de la historia y de grandes resultados para el deporte argentino? “No, para nada nostálgico. Dios me ha dado cosas inimaginables, cosas que no soñé. Una de esas cosas es que fui superlongevo. Por eso llegué a Río con 54 años y con ilusiones de dar pelea. Me siento un privilegiado de haber podido estar ahí con mis hijos Yago y Klaus, compitiendo. Enfrentando no solamente a viejos rivales, sino en algunos casos a hijos de mis antiguos adversarios. Siento un inmenso orgullo por todo el equipo que trabajó detrás de un objetivo, por todos los que estuvieron ahí. Hace unos años fui a Río. A visitar todos los lugares donde vivimos esos nueve meses previos, a reencontrarme con amigos. Son recuerdos imborrables. Estoy bien agradecido por todo”, confiesa el hombre que alguna vez, por circunstancias de la vida, vivió cuatro años con sus hijos pequeños en una embarcación que le prestó un amigo.

Tenía Lange motivos de sobra para estar agradecido en ese Río 2016, cuya medalla dorada ganaron con un total de 77 puntos, superando por una sola unidad a las embarcaciones de Australia y de Austria. Un año antes de esos Juegos Olímpicos, en agosto de 2015, participó de un evento en el Maracaná. Se imaginó junto con Yago y Klaus, que participarían en la Clase 49er., entrando en el estadio para la ceremonia inaugural, desfilando junto a la delegación argentina, de un total de 213 representantes. El tema es que había algo muchísimo más importante de por medio que surcar las aguas, desafiar los vientos y sortear las boyas para Santiago: le había aparecido un tumor en el pulmón izquierdo y tenía que operarse. Aunque increíblemente era reacio a eso…

“¿Justo a mí, que no fumo, no tomo, me entreno como loco y tengo una vida sanísima?”, se cuestionó. “Pasó que nunca creí que tuviera cáncer, era una negación. Aparte, para mí, que soy deportista, que te digan ‘te voy a sacar un pulmón’, era el fin. No sólo por los Juegos Olímpicos: porque me gusta salir a correr, andar en bicicleta, hacer ejercicio, squash, surfear. Tardé seis meses para que me convencieran. Decía ‘no tengo, no tengo, demuéstrenme que es cierto’. Busqué todas las medicinas alternativas, hablé con un montón de médicos, hasta que en un momento me pusieron entre la espada y la pared. Me dijeron que si no lo hacía estaba loco. Cuando me di cuenta de que lo tenía que hacer, dije ‘lo antes posible’. Con la idea de recuperarme rápido y empezar a pensar en los Juegos. Hasta tuve un paréntesis en el que sólo pensé en mi salud, en lo mejor para mí, obviamente, y no me importaba nada de estos Juegos ni del deporte. Y bueno, le pregunté al médico cuándo era el primer día disponible, me dijo el 22 de septiembre, y fui al quirófano aunque fuese mi cumpleaños”, le dijo a LA NACION pocos días antes de comenzar a competir en Río.

Sí, se operó el día de cumpleaños 54. Y empezó con una cuenta regresiva espeluznante. No sólo se preparó para navegar: “Sabía que tenía que escalar el Everest”. Y a eso fue. A enfrentar a poderosas embarcaciones europeas, más favoritas que el barco argentino.

Sus hijos, los cuatro (se sumaron Theo y Borja, los mellizos, que vivían en Europa), lo ayudaron en la rehabilitación, con la bicicleta como aliada. Con los mellizos, además, vivió una reconexión, en jornadas por las carreteras tan extenuantes como sensibles. Su compañera Cecilia Carranza Saroli también fue clave: no sólo tenía que competir dos kilos por debajo de su peso natural (65 kilos) para combinar con los 73 de Lange para el tope de la embarcación, sino que además llevaría la carga de asumir el principal esfuerzo físico competitivo. Enorme aporte de una gladiadora silenciosa que se transformó en la compañera perfecta.

Toda esa historia previa, sus cinco Juegos Olímpicos, la operación, el regreso al estilo Rocky Balboa, haber estado casi nueve meses en el barrio Urca, en una de las laderas del Pan de Azúcar y enfrente de dónde sería la cancha olímpica para las pruebas de vela, la posibilidad única de competir (en distintas categorías) con sus hijos, y esa tarde inolvidable de la Medal Race, donde el sueño casi naufraga y la incertidumbre reinó durante un minuto sin que nadie supiera cuál era el color de medalla que les correspondería, llevaron a que Lange desarrollara un vínculo distinto con la gente. Que quizá lo tenía como alguien muy serio, muy formal. Y de pronto, al escucharlo hablar con frecuencia, sobre todo de su vivencia de salud, pasó a tenerle un afecto muy especial. Muchos luchadores de la vida lo tomaron como ejemplo. Otros que se encontraban en peleas similares por la supervivencia, encontraron un impulso adicional para no bajar los brazos.

Lange sintió ese acercamiento y se nutrió de él. “¡Fue maravilloso! Porque si bien ya había sentido el afecto cuando con Camau Espínola ganamos los bronces, y sobre todo un profundo respeto en el ambiente deportivo, esto fue distinto. Hoy, diez años después, estoy en un aeropuerto en cualquier país del mundo y la gente me tira buena onda, te agradecen en nombre del país por lo que hiciste. Es muy lindo sentir eso. Gente que te llama para pedir un consejo, para charlar. Es muy gratificante”.

El día inolvidableEl día inolvidable de Lange-Carranza Saroli

Transcurrió una década y Lange-Carranza compartieron embarcación en un Juego Olímpico más (Tokio 2021), donde fueron séptimos y tuvieron el orgullo de ser los abanderados en el desfile inaugural, antes de tomar caminos independientes para París 2024. Cecilia tenía 29 en Río y ya contaba con una doble experiencia en Juegos en la clase Láser Radial. Correr en la Nacra 17 junto a Santiago fue un antes y un después en su trayectoria, de esas que cambian la vida. Tuvo que hacer un cambio brusco: pasó de competir sola a hacerlo con un compañero, en un barco más veloz y con tres velas en lugar de una y dos cascos en vez de uno. Y se acomodó a su función: ella cargando con la parte física.

¿Qué representa Carranza para Lange? “Estoy superorgulloso de ella. De haberla conocido, primero, y de haber compartido tanto tiempo. Superorgulloso de lo que hicimos juntos, de lo que es Cecilia como persona. Cuando vos compartís emociones tan fuertes y sobre todo esa campaña tuvo la emoción muy fuerte de lo que me tocó vivir con el cáncer, y cómo lo dimos vuelta, eso hizo que fueran unos Juegos con muchas emociones, muy fuertes. Todo es imborrable en mi vida”.

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Del otro lado del mundo, recién llegada a Barcelona junto al equipo que entrena desde que se bajó del barco como regatista (las continuas dolencias físicas en su espalda, producto de tantos años en el alto rendimiento la obligaron al retiro tras verse imposibilitada de clasificar a los Juegos Olímpicos de París 2024), Ceci Carranza atiende a LA NACION. Siempre reflexiva, siempre emocionada. Y mucho más cuando rememora Río 2016. Para ella, la segunda mujer argentina en ganar una medalla dorada en esta cita (Paula Pareto fue la primera, unos días antes en estos mismos Juegos), aquel logro fue el resultado de toda una vida que naturalizó y que hoy entiende, es para pocos. Cuando pone el cuadro en perspectiva tampoco oculta las lágrimas.

“Santi es familia. Después de ocho años juntos compartiendo un deseo muy profundo, ese fuego, esa llama olímpica interna atravesando adversidades muy grandes y queriendo llegar a lo más alto, se siente como familia. Yo sé que si me pasa algo, de cualquier índole, puedo levantar el teléfono y Santi está. Y desde mi lugar siento que Santi sabe que de mi parte es lo mismo. Esa es una de las cosas más lindas que te deja el deporte. Pueden haber un montón de logros o derrotas, pero que te dejen relaciones para mí es algo muy lindo”, cuenta.

Y sigue: “¿Qué es lo que se me viene cuando me llevan a ese momento o voy a ese momento? Por lo general me llevan, eh. Y me sigue viniendo lo mismo, una emoción enorme, esa sensación que tuve en ese podio. De paz, de agradecimiento, de tranquilidad. Hicimos mucho para intentar lograr esto y lo logramos sabiendo que también podía no pasar. A nosotros nos tocó y todo eso, con nuestras familias... Nos regalamos como equipo a nuestro deporte un momento único".

Como para Santiago, para Cecilia el oro de Río hoy tiene otra dimensión. Más absoluta, sin las estridencias de aquellas emociones a flor de piel de la Bahía de Guanabara: “Ganar una medalla olímpica te pone en un lugar de reconocimiento que te puede brindar muchas posibilidades. Aparece un gran respeto ante un deportista que la gana. Por eso también es una linda oportunidad utilizar ese reconocimiento para tu futuro profesional. Lo que no cambia es la esencia. Yo soy la misma Ceci de toda la vida. La Ceci de Rosario que sigue respondiendo estas preguntas tomando unos mates, con toda la simbología que tiene un mate para mí. Simple, humana, cercana, que valora la familia, los amigos, ¿viste? Terrenal... Ese logro fue con muchas adversidades de por medio y por eso lo que logramos parecía prácticamente imposible. Entonces, ahora cada vez que encaro un proyecto esa medalla me hace pensar: ‘Lograste algo que parecía imposible de lograr. Así que no hay excusas. En todo caso podés no tener ganas, pero no podés decir que no podés’. Esa base de pensamiento es algo, para mí, superinteresante", reflexiona.

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El pasado 21 de julio, un mensaje por redes sociales del Comité Olímpico Argentino sacudió al deporte argentino. Anunciaba que Lange había sido operado de un nódulo en uno de sus pulmones. “Toda la familia olímpica argentina acompaña a Santiago Lange y le desea una pronta recuperación. ¡Fuerza, Santiago!“. Y detallaba: ”A lo largo de su vida, Santiago nos enseñó que la verdadera grandeza no sólo se mide por las medallas, sino también por la fortaleza, el coraje y la capacidad de sobreponerse a las adversidades. Su histórica conquista de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016, lograda apenas meses después de atravesar una difícil operación y un exigente proceso de recuperación, permanece como uno de los mayores ejemplos de resiliencia del deporte argentino”.

Y finalizaba: “Hoy, toda la familia olímpica argentina está con vos, Santiago. Te deseamos una pronta recuperación y esperamos verte muy pronto nuevamente haciendo lo que más amás”.

Efectivamente, Lange había pasado por otra experiencia de salud seria. En 2015 fue el pulmón izquierdo; ahora, el derecho. Los resultados posteriores a la intervención fueron buenos y el regatista y arquitecto naval se va recuperando, siempre con la bicicleta como principal aliada de la preparación física. Inclusive, próximamente estará trabajando en el centro de alto rendimiento que la empresa Red Bull posee en Austria, en las afueras de Salzburgo.

Si la primera vez se sorprendió, la reincidencia con un turmor le resultó todavía más insólita. “Me operaron y gracias a Dios salió todo bien. Se detectó a tiempo. Es lo que en medicina se llama segundo primario: cuando un tumor nuevo y diferente aparece en una persona que ya ha tenido un cáncer. No se trata de metástasis. La verdad, tengo reacciones de impotencia ante algo así. Pero del mismo modo te digo que son sensaciones pasajeras. Porque sigo estando convencido de que la vida es maravillosa y quiero disfrutar de cada momento plenamente consciente. Sigo siendo una persona superfeliz, a pesar de estar transitando este momento. Mi faro está en tratar de hacer lo que quiero y ser feliz. Estar consciente de lo que estoy viviendo y de un lado totalmente positivo. Ese es mi faro”, admite.

Para interpretar mejor sus sensaciones, describe su vida. “Desde que me operaron la otra vez, no había tomado un remedio, nada. Le esquivo al paracetamol, no tomo ni una gaseosa. Ya en los últimos años dejé de tomar alcohol, cero. No como nada procesado, cuido mi sueño a muerte, me entreno todos los días. ¡Parece una joda realmente! Por suerte tengo la cabeza bien entrenada”.

Tan entrenada la tiene que toda la preparación que nunca abandonó le permitió recuperar la capacidad del primer pulmón operado y a 17 días de la intervención reciente ya pudo subirse a la bicicleta.

Entusiasta empedernido, siempre se mantiene en actividad. No sólo es un ex deportista de elite de enorme prestigio, sino también un experimentado arquitecto naval. Firmas y federaciones de todo el mundo lo tienen como consultor y una alternativa para nuevos proyectos. Y a la par del trabajo y del deporte, una vez que puso fin a su extensa etapa en el olimpismo en el selectivo para París 2024 junto a Vicky Travascio (fueron superados por Mateo Majdalani y Eugenia Bosco, que luego ganaron la medalla plateada), se propuso disfrutar de las cosas simples a las que sus actividades le restaron margen de acción: ver más a sus hijos, nietos, otros familiares y amigos, compartir momentos, viajes y descubrir placeres de la vida.

Apenas puso los pies en tierra, no tenía dudas del plan: salir a pedalear. “Quizá lo haga diferente respecto de hace unos meses, pero lo haré. Mi objetivo es recuperarme lo mejor posible, lo más inteligentemente posible y lo más rápido posible. Aprovecharé lo de Austria, ya que creo yo que es el mejor centro del alto rendimiento del mundo. Y me quedaré ahí hasta que sienta, hasta que me digan que estoy listo para poder entrenar fuera de aquí”.

Pasaron 10 años de Río. De aquella tarde de emociones. De esas lágrimas que no eran sólo de Santiago y de Cecilia, cuyos destinos se cruzaron un par de años antes y terminaron surcando las olas de las historia. Nadie tuvo que explicarles lo que se siente en el momento en que una medalla de 500 gramos se posa en el pecho ni cuando ven subir la bandera argentina con el himno de fondo. Lo vivieron. Y lo atesoran para cada día de sus vidas.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/vela/santiago-lange-la-leyenda-del-deporte-que-celebra-el-oro-olimpico-que-lo-transformo-ahora-lo-valoro-nid16082026/

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