En el real estate argentino hay una postal que se repite bastante, donde todo es muy correcto, muy prolijo y bastante parecido. Pero, ¿cómo sería vivir dentro de un edificio “vestido” por uno de los diseñadores de moda más reconocidos del país?
Por primera vez en su carrera, el diseñador Benito Fernández se corre de la industria textil para desembarcar en el desarrollo inmobiliario con su particular ADN. Desde las texturas, las estampas, la alta costura, el arte latinoamericano y una idea de llevar al “nuevo lujo” a su propio desarrollo, que busca unir moda, arquitectura y real estate en una misma propuesta.
“Si miro para atrás, mi padre era médico cardiólogo y terminó haciendo edificios. Hoy lo recuerdo y pienso: hay un patrón que se repite. Siempre me interesó la moda en relación con lo social, pero también la arquitectura. Muchas veces iba en un taxi, veía un edificio o un terreno y pensaba cómo lo reformaría. La idea edilicia siempre estuvo en mi cabeza”, cuenta Benito Fernández a LA NACION horas antes de la presentación de su proyecto.
El emprendimiento, con una inversión de casi US$4 millones, será construido en calle 51, en una de las zonas de mayor movimiento de La Plata, cerca del eje fundacional, del Pasaje Rodrigo, del Mercado Baxar y del corredor que en los últimos años empezó a consolidarse como La Plata Soho. Pero la novedad no está ni en los amenities ni en la ubicación. El punto diferencial es que lleva la firma conceptual de Benito Fernández.
“Todo lo que es la unificación de arquitectura, diseño, desarrollo inmobiliario con diseñadores de moda se ve a nivel mundial en las brand residences. Pero a nivel nacional no se había hecho algo así con un diseñador local”, sostiene Gonzalo Massey, desarrollador de Benito Residences.
“Vivir en un Benito”: cómo se une la moda al real estatePara el propio Benito, la moda tiene una ventaja frente a otras industrias: reacciona rápido. “La moda es lo que más rápido nos interpreta y entiende las necesidades que tenemos. En la pandemia, al mes ya estaban los barbijos, después los portabarbijos”, cuenta.
Esa mirada fue clave para pensar el edificio. El proyecto empezó a imaginarse hace varios años, incluso antes de la pandemia, y fue cambiando de forma y hasta de locación. El aislamiento de 2020 cambió el mapa de prioridades y la casa dejó de ser solo un lugar donde se duerme para convertirse en oficina, gimnasio, refugio. Hoy es un espacio de encuentro.
A partir de ahí es que apareció la pregunta que atraviesa todo el desarrollo: ¿qué significa hoy vivir bien?
“El lujo cambió”, resume Benito. Para él, ya no pasa solo por materiales caros. “Para mí el lujo es poder trabajar desde cualquier lugar, que en mi casa se puedan recibir los paquetes, que un cuarto tenga lugar para una cama de 2x2 y que además entren las mesas de luz”, explica el diseñador que participó en todo el proceso del proyecto, no solo aportando su ADN.
“Benito es una persona que trasciende su rubro, tanto por su impronta como por su combinación de texturas y colores. Eso llevado a un desarrollo, genera un producto único”, afirma el desarrollador.
El interrogante es si el mercado está dispuesto a pagar más por esa identidad. Massey reconoce que el proyecto se posicionará por encima del valor promedio de la zona. El lanzamiento está previsto en torno a los US$2600/m², con una expectativa de llegar a valores de entre US$3200/m² y US$3400/m² una vez terminado. Según el desarrollador, el diferencial respecto de un metro cuadrado estándar puede rondar el 35%.
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El edificio tendrá 33 unidades, que van desde monoambientes y dos ambientes de entre 43 m² y 49 m², hasta semipisos de 93 m² y dúplex premium de hasta 194 m². En cuanto a los valores, las unidades más chicas partirán desde valores cercanos a los US$100.000 en el lanzamiento, mientras que los departamentos de dos dormitorios, con dos baños y living con cocina integrada, se ubicarán cerca de los US$200.000. La forma de pago será con un 40% de anticipo y el saldo restante en 24 cuotas, mitad en dólares y mitad en pesos ajustados por CAC, y la intención es iniciar obra entre septiembre y octubre, con un plazo de ejecución de entre dos años y medio y tres años.
La elección de la capital de la provincia de Buenos Aires no es casual. Benito asegura que no le interesaba arrancar por CABA porque “quería empezar a hacer algo más federal”.
“Evaluamos qué ciudad del país buscar. Primero uno empieza por Buenos Aires, pero pensamos en ser un poco más federales. Buscamos impactar en alguna ciudad especial”, agrega Massey, que es platense.
La ciudad de las diagonales ofrece escala urbana, tradición arquitectónica, vida universitaria, movimiento comercial y una zona en transformación que tiene al diseño como su impronta principal. “Es una ciudad que fue diseñada por una persona que dijo que tenía que ser de determinada manera. Eso ya habla de una estética particular y nosotros nos emplazamos en una zona inmejorable”, resume el arquitecto Daniel Mandaglio, quien, junto a su hermana Claudia Mandaglio, está a cargo del proyecto arquitectónico.
Para ellos, trabajar con un diseñador de moda implicó salir de su zona de confort. “Fue una experiencia diferente, disruptiva, porque del otro lado está Benito con su ADN, su impronta y su personalidad, y había que dar una respuesta acorde”, cuenta Claudia.
Un interior con el ADN de BenitoSegún cuentan los arquitectos, el desafío que tuvieron fue no dejar que la participación de Benito quedara reducida a solo una decoración. “No se trataba de poner estampas en un lobby y listo. La arquitectura tenía que absorber esa identidad sin perder funcionalidad”, aseguran.
“Moda y arquitectura comparten el diseño. Después se implementan de diferente manera, pero en ambos casos hay que interpretar a la persona que va a habitar”, explica la arquitecta.
La fachada fue pensada como una especie de “telar urbano”. El edificio tendrá balcones ondulantes y una envolvente con parasoles metálicos en tonos dorados, como si la piel del edificio estuviera vestida. “El exterior es más calmo en su color y en su morfología. Lo disruptivo fue vestirlo, haciendo un paralelismo con la moda”, explica Daniel.
La puerta de entrada será azul, un gesto que busca convertirse en marca. Benito ya imagina que, si el concepto se replica en otras ciudades, cada edificio tenga una puerta de distinto color.
Adentro, la historia cambia. El lobby será el espacio de mayor impacto visual con doble altura, formas orgánicas, un tapiz diseñado por Benito, estampas, texturas y una paleta mucho más expresiva. “El edificio tiene el ADN de Benito, que viene de la mano de los colores y las texturas. Se trató de implementarlo sobre todo en el interior”, agrega Claudia.
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La idea del nuevo lujo que quiere Benito se repite en varios detalles del proyecto. Por eso, el edificio incorpora servicios que apuntan a resolver situaciones cotidianas: paquetería, lockers, conserje, una habitación de huéspedes, coworking, terraza con piscina y solarium, un espacio fitness y un hall que no sea apenas una zona de paso, sino un espacio para tener reuniones o encuentros. “Que pueda ser un lugar para recibir a alguien que no tiene la confianza de entrar en mi casa”, plantea Benito.
Benito pidió algunas de esas cosas de manera muy concreta. “En la puerta del edificio quiero un perchero con bolsas para las necesidades de los perros, pedí bicicletero también. Quise participar en la forma de vida de quienes lo habiten, en qué es el lujo para mí hoy”, cuenta.
La habitación de huéspedes también nació de esa mirada, la de recibir familiares o amigos sin resignar privacidad dentro del departamento. “Es una suerte de poder compartir, pero seguir manteniendo la privacidad”, explica Claudia.
Benito define al proyecto con una frase concreta que repite: “Es el nuevo lujo”. Y cuando se le pregunta qué debería sentir alguien que “viva en un Benito”, responde enseguida: “Comodidad. Un lujo a través de sensaciones, en lo visual y en la espacialidad. No sentirte asfixiado, no sentirte rígido. Sentirte libre”.
