El escándalo que tiene a Manuel Adorni como protagonista ya lleva más de cien días y ni siquiera el Mundial 2026 y las inagotables genialidades de Lionel Messi han logrado opacarlo en la conversación social. La crispación de la sociedad frente a las mentiras del jefe de Gabinete choca con la actitud del presidente Javier Milei, quien ha resuelto seguir avalando a Adorni “hasta que la Justicia decida” su suerte, de acuerdo con lo que se ha hecho saber desde la Casa Rosada.
Insólitamente, el oficialismo presentó la postergación por una semana del tratamiento en el Senado de un pedido de interpelación al jefe de Gabinete como un alivio que le permitió al Gobierno “ganar tiempo”. La pregunta que cabe formularse es ¿ganar tiempo para qué? ¿O será, más bien, para seguir perdiendo tiempo?
El interrogante se justifica ante el hecho de que la situación de Adorni ha consumido y continúa consumiendo un tiempo precioso para que las autoridades nacionales se ocupen de los problemas más acuciantes del país y para avanzar en la discusión parlamentaria de las reformas estructurales pendientes. Existe una llamativa unanimidad no solo entre representantes de la oposición política y de fuerzas aliadas del oficialismo, sino también entre algunos funcionarios de Milei, en que ha llegado la hora de que el Gobierno dé vuelta la página sobre Adorni, dejando de perder tiempo en la protección de alguien indefendible, para enfocarse en la gestión. Hay, sin embargo, algunos referentes del kirchnerismo que disfrutan con la decisión del Gobierno de sostener al jefe de Gabinete, a quien consideran “un cadáver político”: cuanto más se demore su retiro, más daño se autoinflige el partido gobernante.
Han crecido las probabilidades de que la Cámara alta vote el próximo jueves 25 la interpelación a Adorni para que, una semana después, explique su enriquecimiento patrimonial, rodeado de inconsistencias. La alternativa de una moción de censura, que requeriría el voto de la mayoría absoluta de los miembros de ambas cámaras del Congreso, estaría a la vuelta de la esquina.
La aprobación de una moción de censura tendría un efecto político y simbólico enorme. Se trataría del primer caso de un jefe de Gabinete removido por el Poder Legislativo desde la creación de esa figura con la reforma constitucional de 1994. Pero Milei parecería preferir esta alternativa antes que pedirle la renuncia a Adorni. El Presidente considera que despedirlo constituiría una muestra de debilidad frente a lo que entiende como una presión no solo política, sino esencialmente mediática.
Los esfuerzos del propio Milei para sacar el tema Adorni de la discusión pública han sido tan evidentes como estériles
Sin embargo, ayer se conoció una primera respuesta a la crisis, con el anuncio de la designación del economista Adrián Ravier como vocero presidencial. Se trata de un implícito reconocimiento de que Adorni ya no estaba en condiciones de enfrentar conferencias de prensa y de que, como se deslizó desde distintos sectores de Pro y la UCR, quien no es capaz de explicar sus propios ahorros, no puede explicar la administración de los recursos públicos.
Restaría que el primer mandatario advierta también que quien no ha podido presentar una declaración jurada patrimonial consistente, aun siendo contador público, difícilmente podría cumplir con algunas de las funciones que le asigna la Constitución al jefe de Gabinete, tales como ejercer la administración general del país y ejecutar la ley de presupuesto nacional.
Los esfuerzos del propio Milei para sacar el tema Adorni de la discusión pública han sido tan evidentes como estériles. Sin ir más lejos, en las últimas horas, decidió opinar sobre el garrafal error de la actriz y conductora Florencia Peña, quien brindó una falsa noticia sobre la salud del padre de Lionel Messi. Pero el jefe del Estado fue más allá del hecho de que haya comunicadores que pretenden sustituir el rigor profesional por la improvisación y la irresponsabilidad. Se enfocó, por el contrario, en la “infinidad de periodistas que se han cansado de ensuciar, calumniar o injuriar a todo el mundo, con el amparo de los editores y/o dueños de medios que los encubren bajo el pretexto de estar haciendo ‘periodismo’”.
El empecinamiento del Presidente en no bajarle el pulgar a su más cuestionado funcionario sigue disparando conjeturas que no hacen más que socavar la confianza en el propio titular del Poder Ejecutivo Nacional. La primera, pero no la única, es que la continuidad de Adorni es el instrumento para que Karina Milei actúe como una suerte de jefa de Gabinete en las sombras y que será difícil encontrar un reemplazante de Adorni dispuesto a convertirse en un subordinado de la hermana del Presidente. Una segunda hipótesis se asocia con la férrea resistencia de Javier Milei a ceder ante la prensa, a la que ha transformado en uno de sus principales enemigos.
CORPO BASURA
Cuando uno cree que ya lo ha visto todo por parte de los medios de comunicación, determinados personajes se ocupan de recordarnos que siempre se puede caer más bajo, siempre pueden decir una aberración peor y siempre pueden infligir más daño.
Las aberrantes e…
Hay otras conjeturas sobre la decisión presidencial de no desprenderse de Adorni, vinculadas con el probable origen de los fondos que el actual jefe de Gabinete intentó ocultar. Una hipótesis que se evalúa en la investigación judicial es que parte de los recursos con los que habría adquirido las propiedades en cuestión pudiera provenir de aportes a la campaña electoral que Adorni encabezó en 2025 como candidato a legislador porteño, o incluso del negocio que promocionó Milei con la criptomoneda $LIBRA. Es claro que, en cualquiera de los dos casos, no habría sido Adorni el único beneficiario y eso lo convertiría en conocedor de demasiados secretos del poder.
