Se abren las nominaciones para suceder a Keir Starmer en Gran Bretaña: Andy Burnham podría quedar como único candidato

PARÍS.– El Partido Laborista británico entró este miércoles en una fase histórica. A las 16 (hora local) se abrió oficialmente el periodo de candidaturas para sustituir a Keir Starmer al frente del gobierno, marcando el inicio de una batalla política tan rápida como inesperada, en un país más dividido que nunca.

Hasta este jueves, el único diputado postulado públicamente como candidato era Andy Burnham. Y si nadie más lo hace antes del 15 de julio, será declarado ganador.

En ese caso, el exalcalde del Gran Manchester de 56 años, será investido como líder del Partido Laborista el 17 de julio durante un congreso extraordinario, para luego instalarse en Downing Street, probablemente el 20 de julio.

“Acabo de votar por mí mismo... espero que la tercera sea la vencida”, escribió Andy Burnham en la red social X. Ya había intentado, sin éxito, liderar el laborismo en 2010 y 2015. “Sigo siendo el único candidato en la carrera”, afirmó también en un video que acompañaba su mensaje.

Burnham encarna por sí solo las esperanzas y las contradicciones de esta carrera, precipitada por la renuncia del actual primer ministro Starmer.

Exministro de Salud Pública, Cultura y Hacienda durante el mandato de Gordon Brown, el candidato a premier puede vanagloriarse de un vasto currículum: alcalde del Gran Manchester durante nueve años, diputado desde junio de 2026 y candidato que no logró la victoria en las elecciones internas de 2010 y 2015.

Su posicionamiento, en la izquierda moderada del partido, atrae a una base que busca un renacimiento ideológico tras los años de pragmatismo de Starmer. Burnham cuenta ya con el respaldo de pesos pesados como el exministro de Salud Pública, Wes Streeting, el canciller del Ducado de Lancaster Darren Jones, o el viceprimer ministro David Lammy.

Burnham apuesta por el relanzamiento del Estado de bienestar, una inversión masiva en el Sistema Nacional de Salud (NHS) y una política económica más intervencionista. Todas promesas que resuenan con fuerza en un país todavía marcado por la austeridad de la década de 2010.

Eventualmente, el candidato podría verse obligado a competir con Al Carns. Diputado de Birmingham Selly Oak de 49 años –exoficial de los Royal Marines y exministro de las Fuerzas Armadas hasta su dimisión en junio–, encarna una línea más moderada, e incluso conservadora en ciertos temas. Su discurso, centrado en la soberanía económica, la defensa nacional y la necesidad de establecer objetivos de crecimiento ambiciosos, atrae a un sector de diputados preocupados por la credibilidad en materia de seguridad.

De hecho, Carns ha planteado “cinco pruebas” para el futuro líder, que incluyen un aumento del gasto militar y la modernización de las infraestructuras energéticas. Aunque es menos conocido, su perfil militar y su franqueza podrían jugar a su favor en un partido que busca renovarse.

Nombres en danza

Si bien circulan otros nombres, todavía ninguna candidatura se ha anunciado oficialmente. Lisa Nandy, ministra de Vivienda, sigue siendo una figura respetada del ala izquierda, al igual que Yvette Cooper, ministra del Interior, con una experiencia indiscutible pero cuyo momento político parece haber pasado. Por su parte, Anas Sarwar, líder del Labour en Escocia, había pedido personalmente la dimisión de Starmer a principios de año, pero su influencia se limita en gran medida al territorio escocés.

Starmer, en el cargo desde julio de 2024 tras poner fin a 14 años de mandato conservador, anunció el pasado 22 de junio su intención de dimitir, cediendo ante la creciente presión interna en sus propias filas. Los diputados laboristas le reprochaban una gestión de las crisis económicas considerada demasiado tibia y una línea política percibida como un abandono de los ideales de izquierda que llevaron al partido al poder.

Con un país todavía fracturado por las secuelas del Brexit y una mayoría parlamentaria cada vez más agitada, lo que está en juego va más allá de una simple sucesión: se trata de redefinir el futuro mismo del Reino Unido.

La dimisión de Starmer se vio precipitada por el estrepitoso regreso de Andy Burnham a la escena parlamentaria. El exalcalde del Gran Manchester, figura emblemática del Labour, ganó en junio una elección parcial en el distrito de Makerfield, lo que le abrió las puertas de Westminster. Su llegada reavivó de inmediato los rumores sobre un posible desafío a la dirección del partido.

Starmer, consciente del desgaste de su autoridad, optó por abandonar el barco antes de que el motín se extendiera, desencadenando así un proceso electoral cuyas reglas, establecidas por el Comité Ejecutivo Nacional, dejan poco margen para la duda.

El calendario es tajante: los candidatos tienen hasta el 16 de julio para reunir los avales necesarios. Para aparecer en la boleta, necesitarán el apoyo de al menos el 20% de los diputados laboristas, es decir, 81 firmas de las 403 que componen el grupo parlamentario. Una vez superada esta primera etapa, deberán ser nominados por el 5% de las secciones locales del partido o por tres organizaciones afiliadas, como los sindicatos.

Si un solo candidato cumple estas condiciones, una conferencia especial ratificará su victoria a partir del 17 de julio, sin necesidad de la votación de los afiliados. De lo contrario, los miembros –unos 550.000 en total– serán llamados a votar del 6 al 27 de agosto mediante un sistema de voto preferencial, donde los electores clasifican a los candidatos por orden de preferencia. El resultado final se dará a conocer el 29 de agosto, menos de dos meses después de la apertura de las candidaturas.

Solo podrán votar los miembros del Labour que cuenten con seis meses de antigüedad ininterrumpida antes del 25 de junio de 2026, así como los simpatizantes afiliados. Esta norma excluye a los nuevos afiliados y, por tanto, limita el riesgo de manipulación mediante afiliaciones masivas de última hora.

Desafíos abrumadores

Más allá de las personas, son los desafíos que aguardan al futuro primer ministro los que resultan abrumadores. La economía británica, aún en recuperación tras los impactos del Brexit y la pandemia, muestra un crecimiento anémico del 1,2% previsto para 2026, mientras que la inflación, aunque ha bajado, sigue siendo una gran preocupación.

El nuevo líder tendrá que reactivar la inversión pública sin aumentar una deuda ya abismal, todo ello mientras gestiona las expectativas de una población cansada de promesas incumplidas. El NHS, la joya del sistema social británico, está al borde del colapso, con 7,6 millones de pacientes esperando atención no urgente y una escasez crónica de personal. Burnham, quien estuvo al frente del Ministerio de Salud, prometió un plan de rescate de 100 días, pese a que los recursos son escasos.

En el escenario internacional, las decisiones serán igual de difíciles. La dimisión de Al Carns en junio dejó al descubierto profundas tensiones sobre el presupuesto de defensa, fijado actualmente en el 2,3 % del PBI, por debajo del objetivo de la OTAN. El futuro líder deberá conciliar las exigencias de la Alianza Atlántica con la realidad económica, así como clarificar la posición del Reino Unido frente a la Unión Europea.

Starmer había iniciado un acercamiento cauteloso con Bruselas, pero sin llegar a plantear un regreso al mercado único o a la unión aduanera. Por tanto, las cuestiones de soberanía y de relaciones comerciales seguirán siendo el eje de los debates.

Por último, y quizás sobre todo, el sucesor de Starmer tendrá que unificar un partido que aún arrastra las divisiones de la era Corbyn. Starmer intentó moderar el Labour a costa de una purga de los sectores más a la izquierda, pero las tensiones persisten. Burnham, con su perfil de conciliador, podría lograrlo, pero tendrá que lidiar con sindicatos poderosos que financian parte del partido y exigen algo a cambio, como la renacionalización parcial del ferrocarril o compromisos más firmes con los derechos de los trabajadores.

Los sondeos sitúan todavía al Labour diez puntos por delante de los conservadores, pero esa ventaja sigue siendo frágil. Los británicos esperan soluciones concretas para el poder adquisitivo, los servicios públicos y el papel del país en un mundo cada vez más inestable. El 29 de agosto sabrán quién cargará con el peso de un Reino Unido en busca de estabilidad y de rumbo. De aquí a entonces, la batalla se prevé feroz y cada día será decisivo.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/se-abren-las-nominaciones-para-suceder-a-keir-starmer-en-gran-bretana-andy-burnham-podria-quedar-nid09072026/

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