“Descubrimos este lugar paseando a nuestra perrita y enseguida nos dijimos: ‘¿Te imaginás si nos pudiéramos hacer una casa acá?’. Parecía un sueño inalcanzable, porque los lotes suelen ser gigantes en esta zona del Bajo de San Isidro”. Así recuerdan la génesis de este proyecto los arquitectos Florencia Riccillo y Alan Gancberg, pareja, dueños de casa y socios de Estudio FRAG.
Contra todo pronóstico, el terreno apareció y, además, de dimensiones y ubicación óptimas. Por si fuera poco, tenía dos árboles: un cedro azul que había sobrevivido a la caída de un rayo y un espléndido jacarandá. Apenas fue suyo empezaron a diseñar Casa Jaca.
“Esta casa es nuestra primera experiencia de diseño juntos”, repasa la dupla, que permitió que los árboles condicionaran la disposición de la vivienda. Aquí, la arquitectura se organiza a partir de dos volúmenes elevados y desfasados siguiendo la diagonal del terreno para abrir vistas, generar terrazas y potenciar la relación entre los distintos niveles.
EntramosEsta obra fue nuestro laboratorio: nos permitimos probar todo con la lógica de un gran showroom donde los clientes hoy pueden ver nuestra arquitectura funcionando.
Arqs. Florencia Riccillo y Alan Gancberg, al frente de Estudio FRAG
La piedra y los materiales cálidos se contraponen al brutalismo del hormigón visto. “Por lo general, este tipo de casas tienden al minimalismo, pero nuestra búsqueda fue equilibrar”, señalan los dueños
La disposición en L, con el comedor como rótula, permite que la cocina esté bien integrada al conjunto, pero lo suficientemente retirada del living para que no se vea desde el ingreso.
La generosa mesa del comedor ocupa el corazón de la planta, en el espacio con doble altura. Tras una larga búsqueda, encontraron la lámpara perfecta para iluminarla: de papel japonés, es como una luna interior que baja sin obstruir las vistas.
Arquitectura interiorSubiendo el primer tramo de la escalera, nos encontramos con un escritorio de uso público que balconea sobre la doble altura mirando al jardín. Pasando la puerta, un pasillo conduce a los dormitorios.
“Muchas veces diseñamos primero los muebles y después vemos hasta dónde llegan los muros; creemos que todo es parte de lo mismo y lo pensamos de forma integral”.
Las persianas del dormitorio se pliegan hacia adentro y quedan escondidas al abrirse, lo que mejora la vista y mantiene una depurada lectura desde el exterior.
Integrar el espacio de la bacha al dormitorio permite ganar metros y darle más amplitud a la suite. Aquí, además, lleva luminosidad y vistas al cuarto de baño.
Bebé en casaLa obra tomó dos años, durante los cuales la familia se consolidó con la llegada del primer hijo. El diseño debió adecuarse e incorporar el cuarto del bebé, así como barandas y medidas de seguridad.
La paleta mantiene la combinación de blanco y madera con acentos en verde. “Está en los detalles de la decoración y también en la vegetación: es el tercer color de la casa”, señalan los dueños.
Desde la raízBañado por el luminoso manto del jacarandá, el último piso estaba pensado como sala de música. La llegada del bebé y lo fabuloso de la vista derivaron naturalmente en que las oficinas de FRAG Arquitectura se trasladaran aquí.
Como siempre, el mayor desafío no se advierte a simple vista: sentar las fundaciones en un suelo arcilloso surcado por enormes raíces fue un escollo que se resolvió con un sistema de tensores de compleja ingeniería.
“La casa son dos cajitas que se desfasan: la del frente es de hormigón y la de los dormitorios tiene esa piel de madera que se termina de integrar con los parasoles plegables”.
