Palpitando el clima mundialista, Alexander Sitkovetsky, líder del prestigioso ensamble que integra junto a la pianista china Wu Qian y el cellista alemán Isang Enders (todos músicos destacados en el plano solista), cuenta que cuando planificaban la gira que este sábado los trae al país por primera vez, pensaron en hacer coincidir la fecha con la proximidad de un partido de la selección albiceleste para poder experimentar en vivo y en directo el fervor con que se vive el fútbol en la Argentina. “Sin embargo —un poco en broma otro poco en serio, afirma el destacado violinista ruso-británico, heredero de una estirpe musical de Moscú donde a las niñas se las educa con el piano y a los varones con las cuerdas—, de inmediato concluimos que sería contraproducente porque de jugar la Argentina, nadie vendría a nuestro concierto.”
En una pausa entre vuelos y ensayos, Alexander Sitkovestsky dialogó con LA NACION.
-¿Por qué dejó Rusia con su familia y cuál es su relación con su país de origen en la actualidad?
-Cuando tenía seis años, tuve la gran fortuna de ser invitado por Lord Yehudi Menuhin a estudiar en su escuela en el Reino Unido. Me escuchó, le gustó cómo tocaba yo y como enseñaba mi madre, así que nos invitó a todos. Nos mudamos a Londres hace ya 35 años. Mi relación con mi país natal, como seguramente les pasa a muchos rusos, es muy compleja. Desde luego que me enorgullece la rica tradición musical y artística, pero me esfuerzo por separar ese legado de la situación política porque estoy absolutamente en contra de la guerra y me duele que muera tanta gente en un conflicto que jamás debió haberse iniciado porque, quizás la gente que lo ve de afuera no lo sabe, estamos todos conectados por lazos familiares y por una gran historia compartida.
-¿Qué enseñanzas de Menuhin lo acompañan al día de hoy?
-El hecho de que cambió mi vida. Yo era muy chico para apreciarlo desde el comienzo y solo comprendí, recién después de su muerte, cuando ya tenía 15 años, el impacto que su persona tenía en mí: por llevarme a su escuela, por darme la oportunidad de trabajar en la música, de empezar a actuar en público a los 8 años, por seguir supervisando mi desarrollo y progresos hasta el final de sus días. Lo que recuerdo con mayor claridad es su humanidad, su amor por la música y el impuso que recibía siendo un niño pequeño a su lado.
-¿Cómo se vive la escena de la música de cámara en un mundo cada vez más ligado a la tecnología?
-Desde la pandemia nos preguntamos ¿cómo adaptarnos al nuevo entorno? Y aquí voy a defender a nuestro sector porque realmente hemos impulsado repertorio, hemos invertido en una mayor presencia online, y en muchas grabaciones en video de gran calidad. Pero siempre es importante tener en claro respecto de la esencia artística, quiénes somos y qué representamos. El mundo de la música de cámara necesita acercarle al público, y es lo que precisamente estamos haciendo para la gente joven, esta forma íntima, profunda y personal de entender la música. Yo soy optimista por naturaleza y creo que, si más personas tuvieran la oportunidad de experimentar estas músicas desde una edad temprana, nuestras salas de conciertos estarían repletas y el mundo sería, muy probablemente, un lugar más cálido y empático de lo que es.
-¿Qué se destaca en este trío a la hora de ser especiales o diferentes?
-El trío con piano es una combinación maravillosa que nos permite reflejar nuestras fortalezas como músicos y como artistas. Todos tenemos trayectorias interesantes, trabajamos como solistas y como músicos de cámara, participamos de festivales y tenemos experiencia en orquestas. Esto beneficia al trío enormemente porque combina la capacidad de tocar y de respirar como una entidad sola, manteniendo la libertad e inspiración de poder brillar también individualmente.
Tragedia y calidez humana“Vamos a interpretar un programa fantástico —invita el violinista con su descripción de tres obras maestras del repertorio para trío—: Una pieza breve y divertida donde Haydn (adelantándose a lo que más tarde hizo Brahms) incorpora el estilo gitano como expresión tradicional folklórica. Luego. el dramático trío de Smétana que es la tragedia personal del compositor que escribe para su pequeña hija muerta, lidiando con la tristeza, la ira, la resignación y un dolor abrumador que conjuga con la ternura que le depara el recuerdo. Y finalmente, el célebre trío “Archiduque” de Beethoven que es, sin duda, una de las más grandes y fabulosas obras de la música de cámara jamás escritas para cualquier combinación de instrumentos. Coincidiendo con la sordera total y con una etapa de creación profunda, y de serenidad y belleza casi religiosa, Beethoven concibe este trio como testimonio de su extraordinaria calidez humana.”
AgendaConcierto de la Fundación Beethoven. Trío Sitkovetsky. Alexander Sitkovetsky (violín), Isang Enders (cello) y Wu Qian (piano). Obras de Haydn, Beethoven y Smétana. Sábado 20, a las 20. Auditorio de la Fundación Beethoven. Av, Santa Fe 1452
