Los algoritmos abrieron la tranquera y aceleran el cambio

CÓRDOBA.- Durante años, la imagen de la innovación en el agro argentino estuvo asociada a los fierros pero -al igual que en todos los sectores económicos- los cambios llegaron. Y hoy hablar de tecnología no implica que sea tangible, mecánica. La revolución viene de la mano de los datos, de los algoritmos, en las imágenes satelitales, en plataformas que procesan millones de registros, en drones que sobrevuelan lotes y devuelven mapas de malezas o estimaciones de rinde. La oferta es muy importante y el campo discute cómo convertirla en adopción concreta.

Los especialistas advierten que para los productores la clave está en que esa tecnología impacte en mejorar los resultados económicos. Con niveles de rentabilidad estrechos, antes de la adopción de cualquier solución tecnológica, quieren probarla y analizar el impacto sobre sus números.

Bernardo Piazzardi, director del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral y senior advisor de MAP Latam, repasa la última encuesta de la institución entre 1.000 productores: ocho de cada diez dijeron que las nuevas tecnologías, las digitales, cambiarán su modelo negocios pero solo cinco por ciento las adoptan. “Está el fierro caliente para martillar”, grafica.

Las barreras para la incorporación efectiva son múltiples. Las hay económicas, culturales y algunas, directamente operativas. “El usuario muchas veces no tiene quién lo ayude a adoptar -dice Piazzardi-. No hay extensionismo del siglo XXI para el agro. Si no se explican los beneficios y cómo se usan estas herramientas, hay un problema”.

Durante décadas, el INTA cumplió buena parte de esa función de transferencia tecnológica, pero el nuevo ecosistema digital requiere sumar más acompañamiento, dinámico y transversal. Piazzardi sostiene que la clave de la ecuación es quién debería hacer extensionismo: “Las asociaciones de productores de punta en el tema como CREA y Apresid tienen 2.000 socios cada una y hay 200.000 explotaciones. Falta un jugador. En Brasil, es el Embrapa; en Estados Unidos, las oficinas de extensión de cada universidad que tienen financiamiento del USDA. Acá está el INTA, también algo de universidades y de las mismas empresas interesadas en vender. Hay que pensar en esquemas mixtos”.

En un país donde el complejo agroexportador explica cerca de dos tercios de las exportaciones y constituye la principal fuente de ingreso de divisas, la discusión excede al campo. Cada mejora productiva impacta sobre exportaciones, recaudación y disponibilidad de dólares. En esa línea, Piazzardi no duda en sostener que la incorporación de soluciones tecnológicas (anidan a dos o más tecnologías) al agro debe que ser un tema de interés para el Estado ya que “ahorra costos, mejora rindes, mejora exportaciones, mejora recaudación…Es decir, multiplica el dinero”.

El economista del Ieral de la Fundación Mediterránea, Juan Manuel Garzón, enfatiza que la Argentina tiene un “campo moderno. Cuando uno mira agricultura de precisión, por ejemplo, estamos muy cerca de Estados Unidos y Brasil a pesar de la falta de presivisibilidad que durante muchos años dominó la economía local”. Añade que los productores, cuando deciden sobre tecnología, sobre herramientas, “buscan lo que les permita mejorar la toma de decisiones. Necesitan percibir claramente la utilidad y el retorno económico”.

Insiste en un punto que atraviesa la discusión tecnológica en el agro argentino, el productor es profundamente pragmático. La incorporación de herramientas digitales no ocurre por fascinación con la innovación ni por entusiasmo futurista. Ocurre cuando hay evidencia concreta de mejora productiva o reducción de costos. “Hay mucha presión sobre los costos, mucha carga tributaria y una competencia muy alta por los recursos -aporta Garzón- Entonces, adoptan tecnología, sí, pero mirando los resultados”.

Incipiente pero inexorable

Federico Bert, gerente del Programa de Digitalización del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), señala que para la tecnología de la cuarta revolución el proceso de adopción “recién empieza; es muy incipiente aunque inexorable. Va a ocurrir, pero todavía está en etapas iniciales”.

Con experiencia de trabajo en todo el continente, en 34 países, indica que ese esquema de incorporación es “válido para todos” más allá de que digitalizarse para un pequeño productor colombiano y uno grande brasilero es diferente. Entiende que el principal factor limitante no es el financiamiento. “Muchas de estas tecnologías no son de alto costo. La restricción es no conocerlas al detalle; muchas están en desarrollo. También hay limitaciones operativas (no hay buena conectividad); hay que tener en cuenta que buena parte de los productores no son nativos digitales y tienen resistencia al cambio, mucho más si la relación costo/beneficio no es clara”.

Coincido en que un punto “muy interesante” de la revolución tecnológica que se transita que es hay mucha oferta por parte de start ups de tecnología agropecuaria, que “juegan un rol importante en dar visibilidad, ayudar y capacitar a los productores en el uso”, más allá de lo que también realizan asociaciones de productores y el INTA. “Lo que debe estar claro es que no es una elección sumar la tecnología, sino se suma se pierde competitividad y si se pierde, se queda afuera”, sintetiza Bert.

La Argentina es uno de los países líderes en la transformación tecnológica, hay muchos desarrollos tecnológicos para el campo. Bert apunta que, junto con Brasil y Colombia, son los países que “más tienen desde México hacia abajo”. También en materia de demanda está entre los primeros, “siempre considerando que no es masivo su uso”.

La Argentina desarrolló en las últimas dos décadas un ecosistema agtech muy sofisticado para un país atravesado por crisis recurrentes. Plataformas de gestión, automatización, herramientas de trazabilidad, sistemas predictivos, procesamiento de imágenes, monitoreo satelital, inteligencia artificial aplicada a cultivos o ganadería. La Inteligencia Artificial (IA) aparece en la mayoría de esos casos.

“Hay muchas soluciones tecnológicas, quizá más de las que el productor necesita -admite Bert. Para cada proceso hay tres o cuatro que compiten entre sí. Las que más han penetrado son plataformas para el monitoreo de cultivos al campo y registros satelitales, que ayudan a tomar decisiones”. En los últimos dos años se registró un avance importante de los drones.

Garzón ratifica que para la incorporación de estas soluciones es importante “el acceso a información, casos concretos, posibilidades de prueba. El productor busca mecanismos para bajar ese riesgo”.

En ese marco cobran fuerza los modelos de validación tecnológica en condiciones reales de producción. Espacios híbridos entre startups, empresas, universidades y productores. Uno de ellos es Validagro, una plataforma de innovación abierta creada para acelerar la adopción tecnológica en el agro. Su diferencial es su infraestructura, que permite testear tecnologías directamente en el campo -en las 20.000 hectáreas de Estancia Las Cabezas, de Fersam Agroindustrial- con conectividad avanzada y condiciones de operación reales.

Manuel Pascual, director de Desarrollo Corporativo y Nuevos Negocios Fersam y representante en el directorio de la plataforma, subraya que muchas soluciones tecnológicas llegan al mercado “sin haber sido probadas en las condiciones complejas y variables de una operación productiva real. Eso genera desconfianza y frena la escala”.

La plataforma funciona como un laboratorio distribuido; al proyecto colaborativo lo impulsó un ecosistema diverso de actores estratégicos: Fersam Agroindustrial, John Deere, Agronorte, Asociación de Cooperativas Argentinas, Personal Tech, la Universidad Austral, la Universidad del Litoral, AWS, Eatables Adventures, Innventure, PWC, SF500, Star2Group, el Parque de Innovación de la Ciudad de Buenos Aires y Agrosapiens. “Lo interesante es que el sponsor no es solo un financista -precisa- Es el cliente real, el anfitrión tecnológico y alguien que participa activamente en la generación de evidencia”.

Pascual sostiene que la tecnología “necesita enfrentarse con la realidad” y, muchas veces, “lo más valioso es justamente lo que el campo le devuelve al proyecto. Hay startups que entran con una propuesta y terminan reformulándola completamente después de validarla”. La innovación tecnológica ya no puede pensarse de manera aislada. “La Argentina está estancada en productividad hace años -dice-. La tecnología es una de las llaves para romper eso”.

Este año la plataforma recibió 58 proyectos (35% más que en 2025) de Argentina, Colombia Guatemala, Costa Rica, Perú, Uruguay, Paraguay, Bulgaria y España. A nivel local se anotaron startups de Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, CABA, Tucumán, Río Negro, Santa Cruz, San Juan y Mendoza. De ese grupo, una selección elegirá a los que llegan a la validación en el campo.

Involucrarse en la cadena

“El agro es muy físico, muy regional y muy desparramado territorialmente -grafica Agustín Rocha, cofundador y CEO de SIMA-. Además tiene ciclos largos. Si no se adopta una solución en una cosecha, quizá hay que esperar hasta la próxima para volver a probar”. La empresa nació hace 12 años buscando digitalizar algo elemental como el registro de información productiva. Hoy opera en ocho países y desarrolló herramientas predictivas sobre esos datos.

Rocha apunta que no ofrecen “solamente un software; ofrecemos una forma distinta de trabajar”. Señala que hay una diferencia muy marcada entre grandes y pequeños productores, ya que las primeras pueden dividir tareas, probar herramientas nuevas, destinar gente a innovación, mientras que en escalas más chicas, “la misma persona hace todo. Tiene menos tiempo, menos margen y menos disponibilidad para experimentar”.

“Cada vez que un productor toma una mejor decisión gracias a un dato preciso, el agro avanza hacia un futuro más eficiente, más rentable y más sustentable”, comenta Nicolás Bergman, fundador hace 12 años de Vistaguay, una agtech que trabaja para acercar tecnologías avanzadas al productor “de una manera simple, práctica y accesible. Con su experiencia en la industria de drones aplicada al agro, busca transformar la forma en que se toman decisiones en el campo, ayudando a reducir costos, optimizar recursos y mejorar la productividad de los cultivos.

Bergman manifiesta que el campo enfrenta el desafío de “producir más eficientemente en un contexto donde cada litro de agua, cada aplicación y cada decisión impactan directamente en la rentabilidad y en la sustentabilidad del sistema. En ese escenario, las soluciones digitales permiten darle al productor información más precisa para actuar exactamente donde hace falta y en el momento correcto”. Ejemplifica con que así como una aplicación conecta pasajeros con conductores, su empresa conecta necesidades agronómicas con pilotos de drones y soluciones digitales.

Bert deja en claro que las soluciones tecnológicas “ya no son un agregado. Empiezan a ser parte estructural del sistema productivo”. En esa línea Garzón aporta que para acelerar los tiempos de adopción “hace falta previsibilidad; para estas inversiones se requiere tiempo, inversión y capacidad de prueba continua”.



Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/campo/los-algoritmos-abrieron-la-tranquera-y-aceleran-el-cambio-nid20062026/

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